Senda familiar Beleño – Cainava
No hace falta ser un intrépido senderista para disfrutar de la naturaleza en Ponga. Nuestro Parque Natural de Ponga te ofrece alternativas tranquilas y sin ninguna dificultad para descubrir, además de la omnipresente naturaleza, otros valores culturales y etnográficos presentes en esta tierra y Belenos Hotelte sugiere uno de ellos en la siguiente entrada del blog.
Se trata de un itinerario sin apenas desnivel, con un camino amplio y con buen firme, por el que se puede pasear en familia, incluso con niños pequeños, que te hará conocer más cosas sobre la vida en los pueblos.
La senda está trazada por el recorrido del antiguo camino que une ambos pueblos o, mejor dicho, ambos barrios del mismo pueblo. Fijamos como origen de la misma el Centro de Interpretación del Parque Natural de Ponga, en el barrio de Baraes, en Beleño. Los atractivos de esta ruta, que la convierten en una alternativa a las espectaculares y no siempre fáciles rutas de montaña, ponen al alcance de cualquiera el conocimiento de la forma de vida en los pueblos y explican los aprovechamientos comunes de los recursos, algo que en estos tiempos en los que se habla tanto de sostenibilidad tiene bastante sentido divulgar. Le hemos estructurado en los siguientes sectores:
- El casco urbano evolucionado
- Instalaciones de uso común
- Las tierras de uso común
- Glamour hasta en la muerte
- El monte comunal
- Las especies silvestres
- El casco urbano tradicional
El casco urbano evolucionado.
El pueblo de Beleño, donde se encuentra Belenos Hotel, se encuentra actualmente estructurado a lo largo de la carretera regional AS-251, sobre la cual se encuentra el inicio de nuestro paseo. Al titular este sector como “el casco urbano evolucionado”, nos referimos al cambio en la morfología del pueblo que significó tanto la llegada del tránsito en vehículos a motor y la construcción de la carretera como la importancia que tuvo el regreso de los emigrantes adinerados procedentes de su exilio económico, huyendo de “la fame” (el hambre en asturiano) y la superpoblación de la segunda mitad del siglo XIX en Ponga. Esta evolución, trajo importantes cambios en la forma de vivir en lo que se refiere a las costumbres (de relación social, higiene, etc…) y, sobre todo, cambios más visibles y que aún hoy perduran: las impresionantes Casas de Indianos, desproporcionadas si tenemos en cuenta la ubicación y tamaño del pueblo de Beleño.
Así, desde el mismo comienzo del paseo, vamos encontrando majestuosas construcciones que salpican los diferentes barrios; casas que además de buscar la comodidad y progreso de sus moradores, tenían cierto carácter demostrativo del éxito de quienes las encargaban a su regreso de la sacrificada emigración, en la mayor parte de los casos, de Cuba. Estos impresionantes palacetes albergaban las reuniones sociales de los repatriados que se juntaban a jugar a la canasta o a rememorar aquellas andanzas por tierras extrañas que habían cambiado sus vidas de labriegos a potentados, rodeados de un ambiente selecto, servicio doméstico y azulejos estilo cartujano tan característicos de este tipo de arquitectura indiana. Nada más salir encontramos la impresionante casa de Hermógenes Foyo (y antecesores) que según nuestros datos tuvo un coste de 72 EUR, pero en cada curva y en cada rincón vamos encontrando dispersas por todos los barrios de Beleño, esas casonas que contrastan con las sencillas casas agrícolas, con su estructura habitual de casa-cuadra-tenada-cubil lo más concentrados posible, tanto por la escasez de espacio apto para la construcción como para facilitar la faena.
Elementos de uso común.
Además de este par de componentes, el paisaje urbano se completa también con instalaciones de uso común, destacando las fuentes/bebederu/lavaderu como elementos de utilidad cotidiana que venían a paliar la ausencia de suministro público de agua corriente en las casas y mucho más la inexistencia de electrodomésticos para facilitar el lavado de ropa. La fuente de la Magdalena de 1908, a 50 mts del Centro de Interpretación, o la de Palma, en el otro extremo del pueblo en nuestro camino hacia Cainava, que concentra en el mismo complejo las citadas tres funciones en habitáculos separados. Fuera del trazado de este paseo que aquí proponemos, pero que invitamos al lector a “perderse” y encontrarlas en el casco urbano, están otros bonitos ejemplos como la del Riberu, La Viña, Figares, La Ramada o El Castañedu. Mención aparte merece el lavaderu del Follacu, en el entorno de Belenos Hotel, construido con trabajo voluntario con el objeto de ser utilizada para el lavado de tripa en la época de la matanza del gochu, a fin de preservar la higiene en aquellas otra fuentes empleadas para el lavado de ropa o el consumo animal y humano.
Centrándonos en la fuente de Palma, por estar en el trazado de nuestra senda, al contemplarla distinguimos perfectamente separados los tres usos a los que se dedicaba: consumo humano, consumo animal y lavaderu de ropa. Delante de ella casi podemos imaginarnos a las mujeres del pueblo que antaño se reunían en ella tanto para su jabonosa función principal como para “aconceyar” o comentar los dimes y diretes de la vida social del pueblo, añadiéndole ésta cuarta utilidad al complejo en un tiempo en que el acceso a los chigres sólo estaba bien visto para los varones.
Las tierras de uso común.
Dejando atrás la fuente de Palma pasando el portilleru (y dejándolo como lo encontramos) nos adentramos en una zona en la que podemos distinguir las parcelas en terrazas que conforman la ería de arriba. Este terreno que ahora se encuentra dividido por los cercados que delimitan las fincas de propiedad privada explotadas a criterio individual, hubo un tiempo en el que, a pesar de pertenecer a distintos dueños, eran gestionadas en acuerdo común y regulada su explotación por ordenanzas municipales que, pese a reconocer la titularidad de cada familia, obligaban a mantenerlas abiertas entre si (excepto el perímetro) dedicándolas, según la época del año, a labor o pasto y participando todos los titulares en las labores de limpieza de maleza, mantenimiento del cierre, recolección de las cosechas y demás tareas para su explotación.
Esta puesta en común de bienes privados para la mejora de la productividad y el aprovechamiento de las sinergias entre vecinos que ya cayó en desuso, nos hace reflexionar sobre el cambio en la mentalidad colectiva que en estos tiempos parece haber dado la espalda a conceptos como la colectividad y el altruismo, tan básicos para la prosperidad de la vida en colectivo. Aquellos primitivos pobladores nos dan, con la perspectiva del tiempo, una lección de trabajo comunitario enfocado a la optimización del rendimiento de la tierra, por encima de las dificultades derivadas de la ausencia de mecanización y demás avances tecnológicos.
Glamour hasta en la muerte.
Encontramos otro punto interesante del paseo al terminar la citada ería. Se trata del cementerio, punto de descanso eterno de los pobladores de este valle, tanto de Beleño como de Cainava. Este camposanto, puesto en servicio en 1898 refleja una vez más las diferencias existentes entre quienes triunfaron en la emigración y dejaron en su postrera morada el toque de distinción y notoriedad y aquellos que labraron sus porvenir en las tierras del valle, a golpe de azada y guadaña. Así, distinguimos las tumbas terreras y los democráticos nichos de construcción posterior de los grandes y en ocasiones presuntuosos panteones con figuras de arcángeles que velan el descanso de los más poderosos.
La leyenda, dada por cierta entre los transmisores de las tradiciones orales del pueblo, cuenta que la primera mujer que, en su lecho de muerte, se sabía pobladora inaugural del sagrado recinto, le pidió a su marido como última voluntad que no la dejase sola en semejante trance y que le acompañase hasta que tuviese la compañía de algún otro finado. Según las crónicas orales, el fiel esposo cumplió con la voluntad de la mujer yendo a dormir al cementerio hasta el siguiente sepelio.
El monte comunal.
Pasado el cementerio, por el lateral derecho del mismo, nos adentramos en una zona boscosa, donde la vegetación es más frondosa y se mezclan los prados cercados con pequeñas cuadras y cabañas, con las zonas sin cerco en las que reina el arbolado que proporciona al paseante sombra y frescura. Estas zonas no valladas son de titularidad comunal, es decir, pertenecen a la Junta Vecinal compuesta por todos los habitantes de derecho de estos pueblos y en tiempos eran lugar de acopio de madera utilizada para la construcción, la combustión en las cocinas o llares o la fabricación de útiles para el trabajo en el campo. La especie con mayor presencia es el castaño, por la idoneidad del terreno y la versatilidad del árbol que lo mismo que su madera es óptima para su empleo en los menesteres ya mencionados, da además un fruto que mitigó mucha hambre de humanos y animales en épocas de carestía de otros alimentos.
Es interesante resaltar la figura del “derecho de poznera”, por el cual, cualquier vecino que plantase un árbol en un área de terreno comunal, tenía derecho sobre los frutos del mismo y éstos eran transferidos en herencia a sus descendientes. Así, aún hoy es posible escuchar a algún habitante del pueblo decir, “esi castañu es de fulanita” refiriéndose a un ejemplar que puede sobrepasar los cien años de edad. Era costumbre aprovechar las castañas tanto para el consumo humano, los frutos de mayor tamaño, como para darselo como cebo a los animales, especialmente al ganado porcino, para su engorde en fechas próximas a la matanza (finales de otoño). La desaparición de esta práctica hace que nos encontremos con unos montes comunales en peor estado de conservación, invadidos por grandes extensiones de matorral.
Las especies silvestres
Entre las zonas de monte comunal y favorecido por ese abandono, encontramos entre los castaños otras especies silvestres a las que no debemos darle menor importancia ya que mejoran la diversidad y ornamentan el sendero con otros colores y formas, además de suponer, en alguno de los casos, alimento para animales salvajes sus bayas. Encontramos pues ejemplares de acebo, saúco, ruscus, rosal silvestre, endrino, etc…
El casco urbano tradicional
Poco a poco vamos dejando atrás este tramo de arbolado y nos acercamos a Cainava, punto de destino de esta senda. El paseante puede reconocer de nuevo la estructura en terraza de la ería, que nos entrega en el pueblo en su parte alta. Aquí se aprecia la ausencia de casonas de indiano y la pervivencia de la estructura tradicional en la mayoría de las edificaciones; casas de tamaño modesto, con clara vocación de vivienda y lugar de trabajo en el mismo recinto. Dentro del casco urbano distinguimos alguna casa con el horno para hacer pan insertado en la fachada y los pequeños huertos alrededor de las viviendas para proveer de hortalizas a sus habitantes. También se observa, como en Beleño, el complejo fuente/abrevadero/lavadero a disposición del pueblo. Culmina el conjunto una descomunal plaza de reciente construcción, que llena los ojos del visitante de hormigón y asfalto, como señal del concepto de progreso de las administraciones que rigen hoy en día los designios del común en ausencia de las juntas vecinales y la sensatez del hombre de pueblo.
Para el regreso de este paseo, se puede optar por el regreso a través del mismo itinerario en sentido opuesto, quizás en busca de algún detalle que nos haya pasado desapercibido o el recreo en aquellos que ya se observaron a la ida o bien la vuelta por la carretera de acceso a Beleño (AS-261).
Ruta wikiloc:



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julio 22nd, 2011 at %H:%M 09Fri, 22 Jul 2011 09:10:09 +000009.
Alvaro: hoy descubro tu blog y te felicito por él. Bonitas fotografías y buen contenido. Tendrás que enseñarme esa senda por donde pueden caminas niños y ancianos porque con las pendientes yo ya no puedo. Un abrazo para toda la familia.