Asturias en todas la estaciones (y Ponga también)
Estamos acostumbrándonos, en los últimos años, a escuchar con pavor la sección del tiempo, meteo, o previsión meteorológica (como quieran llamarle en cada medio de comunicación). Al terminar los noticieros, en el mejor de los casos, cuando lo que nos tienen que anunciar difiere de sol y calor, unos señores y señoras que están bien calentitos en sus estudios centrales de capital, nos meten el miedo en el cuerpo anunciando heladas, nevadas, lluvias torrenciales, las mil plagas y el “armagedón” o fin del mundo bíblico; en el peor de los casos, le dedican también los minutos centrales con imágenes dantescas de coches volcados, colegios vacíos o mendigos tirados en la calle muriéndose de frío. A renglón seguido se despachan con la recomendación de nosequé autoridades, de no salir de casa salvo que sea totalmente imprescindible, bajo riesgo de acabar como Ötzi, la momia helada de los Alpes, o tener que construir un arca de Noe en la que salvar del diluvio a nuestros seres queridos y, eventualmente, a nuestras suegras también; vamos que no salga nadie ni a por el pan a la tienda de la esquina.
En Belenos Hotel, nos preguntamos: si somos de los países más meridionales de Europa ¿cómo se arreglarán más al norte, en Alemania, Polonia o Finlandia? ¿Harán su propio pan para todo el invierno? ¿Ivernarán como osos y dejarán de ir al trabajo porque viene el invierno? Pues mire Ud., la respuesta es NO. Lo cierto es que se arreglan con muchas menos máquinas quitanieves, menos servicios de alerta meteorológica y mucha más seriedad, que para eso son europeos. Lo arreglan con neumáticos de invierno obligatorios, reglamentos de construcción que tienen en cuenta la eficiencia térmica del aislamiento, buenas infraestructuras y, sobre todo, mucha educación. Lejos de tratar a las condiciones climatológicas que nosotros entendemos “adversas” como un problema ellos las asumen con normalidad y las integran en su forma de vida. En los países al norte, los niños en las escuelas no sólo asisten a clase sino que salen al patio con temperaturas bajo cero, los espectáculos al aire libre se adaptan a esas condiciones y la gente no es llamada a refugiarse en ningún lado ni a hacer acopio de víveres por una simple nevada o lluvia fuerte. Sin embargo, en la España con esa imagen de sol y pandereta de la que todos nos queremos librar, al menos de boquilla, las autoridades optan por meternos el miedo en el cuerpo y crear la mayor alarma social posible para que se pare el país y, en vez de informar, educar y equipar optan por prohibir y acongojar al paisanaje.
En nuestros días, en los que el modelo económico (para bien y para mal) ha universalizado las compras y la información sobre el consumo para gloria de los decathlon o forum en deportes, o midas o norauto para accesorios de automóvil, está al alcance de muchos el comprar buen material deportivo o unas ruedas de invierno que realmente normalicen la vida a pesar de los elementos. Una buena forma de desestacionalizar el tocado sector del turismo más allá de las manidas jornadas gastronómicas de toda índole sería la de aprovechar esos recursos que se pintan como amenazas y convertirlos en oportunidades que, además, permitirían sacarle partido de forma sostenible a la naturaleza y nos pondrían a todos más en contacto con la tierra que habitamos. Actividades como las excursiones con raquetas de nieve, esquís de travesía o un simple paseo entre la nieve, la niebla o nuestro pertinaz “orbayu” tienen en si un atractivo del que en Asturias estamos sobrados. Existe un turismo que no necesita sol radiante ni calor tropical para hacernos disfrutar al aire libre. En concreto, la nieve se convierte en un lienzo en el que permanecen durante horas o días las huellas de los animales salvajes cuya identificación puede constituir un enriquecedor pasatiempo para pequeños y grandes. Tres cuartos de los mismo el barro en el que tras la lluvia se imprimen los rastros de animales…
Desde Belenos Hotel os animamos a redefinir lo que entendemos como “buen tiempo”. La lluvia es un bien maravilloso que además de darnos eso que sale de los grifos de nuestros pisos en las ciudades, hace cambiar el paisaje, convierte lo marrón en verde, crea saltos de agua y rápidos en los arroyos de montaña o forma humedales en los remansos. El frío, como el que sale de las neveras, nos ayuda a inmunizarnos contra infecciones respiratorias, nos tersa la piel, quema grasas acumuladas y nos hace sentir vivos. La nieve convierte lo verde en blanco, multiplica la luz y el sonido, ayuda a ponerse moreno y divierte a niños y adultos con la asistencia de unas raquetas, unos esquís de travesía, un trineo o un simple plástico. Solo hace falta desoir los fatalistas consejos de los hombres y mujeres del tiempo o las delegaciones del gobierno, equiparnos adecuadamente en lo material y, sobre todo, perder el miedo al invierno sin perder la prudencia (que es precisa tanto como en verano). Aprovechemos todas las estaciones y vayamos más allá del sol y la playa en nuestros hábitos de tiempo libre, ya que en Asturias tenemos el inmenso tesoro de poder disfrutar de la costa y la montaña en pocos kilómetros de distancia y del calor y el frío en pocas semanas de diferencia. ¿quien da más?








marzo 28th, 2012 at %H:%M 07Wed, 28 Mar 2012 07:11:50 +000050.
Totalmente de acuerdo. Los componentes climatológicos y sus efectos son objetivos espectaculares para un Safari fotográfico en una de las regiones mas hermosas de la tierra.